miércoles, 15 de enero de 2020

Juego de Cromos (05): Las claves en la investidura de Pedro Sánchez

Aquí os dejo el relato del último capítulo de Juego de Cromos en LGN Radio que, como siempre, podéis también escuchar siguiendo el link junto a la fotografía.

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Juego de Cromos (05): Las claves en la investidura de Pedro Sánchez

  1. ACUERDO CON PODEMOS 48 HORAS DESPUÉS DE LAS ELECCIONES GENERALES 
Tras los resultados de las elecciones generales, tal y como ya hemos analizado en programas anteriores, tan sólo dejaban dos caminos posibles para garantizar cierta estabilidad en el gobierno: Uno, el más improbable visto el desarrollo de la campaña electoral, era una gran coalición del PSOE con el PP. El segundo, más verosímil, era un acuerdo con Unidas Podemos. 
Estoy seguro que Pedro Sánchez y su equipo más cercano trabajaron durante la campaña los diferentes escenarios posibles. Tras la sentencia del process y la caída en intención de voto del PSOE encuesta tras encuesta, parecía imposible un escenario de gobierno en solitario. Tocaba pues ceder y formar un gobierno en coalición con Unidas Podemos. Que para ellos sólo existiera este escenario (descartada la gran coalición) fue lo que hizo que Pedro Sánchez llamara a la mañana siguiente a Pablo Iglesias para terminar en un par de días de culminar lo que no se culminó en las anteriores negociaciones. Para ello, había que elegir dos equipos negociadores con poca gente para evitar filtraciones y que no hubieran tenido grandes roces en las anteriores negociaciones. 
Sin vetos a personas fue más fácil de llegar a un acuerdo y, visto el resultado, no estaba muy alejado de lo que Podemos en su día rechazó etiquetándolo como humillante. Esto podría confirmar que el gran escollo en las anteriores negociaciones fue precisamente el veto a Pablo Iglesias. 
Que se alcanzara un acuerdo en tan sólo 48 horas provocó el comportamiento del resto de actores políticos. Podríamos agruparlos en tres: los que querían la gobernabilidad de España a toda costa (PNV y partidos regionalistas progresistas); los que querían dinamitar la entrada de Podemos en las instituciones a pesar de sacrificar la gobernabilidad de España (PP, Cs, VOX y los partidos regionalistas conservadores); y los partidos independentistas que buscan la inestabilidad de España para alcanzar sus objetivos (JxC y la CUP). Tan sólo un grupo político quedaría fuera de esta clasificación, ERC, que buscaba una alternativa que le sirviera para diferenciarse de su socio de gobierno en Cataluña y, además, se vislumbrara una salida política que pudiera servir para atemperar el conflicto catalán, visto que podían ganar las próximas elecciones autonómicas.

  1. EL COMPORTAMIENTO DE PP Y CIUDADANOS. 
El PP venía de una campaña electoral donde rebajó su discurso de confrontación. Las tesis de los partidarios del centrismo habían ganado la batalla dialéctica y Pablo Casado intentó diferenciarse del discurso de VOX, más extremista. El comportamiento electoral parecía haberles dado la razón y el PP recuperó 23 escaños. "Vamos a ver ahora qué plantea Pedro Sánchez, y después ejerceremos nuestra responsabilidad, porque España no puede seguir más tiempo bloqueada" declaró la noche electoral Pablo Casado. Este mensaje era lo suficientemente ambiguo como para poder encajar en los dos posibles escenarios, tanto en el de la gran coalición como en el de la oposición a un acuerdo progresista. Al optar desde un primer momento Pedro Sánchez por la coalición progresista, el PP se situó en un escenario complicado para ellos. A pesar de que algunas voces optaban por una abstención técnica y tratar de evitar una dependencia de los partidos independentistas del futuro gobierno de España, la posición oficial del Partido fue confrontar con el PSOE y volver de nuevo al lenguaje que les llevó al fracaso en las elecciones del 28 A. Esto se escenificó claramente en el debate de investidura. Esta vez se trataba más de una cuestión estratégica pues su objetivo impedir que VOX se erigiera como el partido principal en la oposición. Esta cuestión se ha visto más clara después del debate de investidura, pues el PP vuelve de nuevo a tratar de ganar espacio más en el centro derecha y tratar de nuevo de representar tanto al centro derecha como a la derecha extrema a través de “España Suma” coalición en la que se integraría tanto VOX como Ciudadanos y los partidos regionalistas conservadores. 
Ciudadanos quedó muy tocado tras las elecciones, pasando de 57 a 10 diputados. Tras la dimisión de Albert Rivera, era Inés Arrimadas quien cogía provisionalmente el testigo. Ciudadanos tenía dos opciones: A pesar de tener tan sólo 10 votos, su posicionamiento podía ser influyente a la hora de conformar el gobierno si, como todo parecía, el bloque progresista podía alcanzar la cifra de 170 diputados, sin contar con los partidos independentistas. En un primer momento trataron de poner en la agenda política la posibilidad de una gran coalición de gobierno entre partidos “constitucionalistas” (PSOE, PP y Ciudadanos). Pero esta posibilidad se frustró desde el primer momento porque, como hemos dicho, Pedro Sánchez optó por conformar un gobierno progresista. En medio de su propia crisis Ciudadanos no se movía de esta posición inicial y fue la única fuerza que defendió esta posible situación en el debate de la investidura, amén de la desacertada referencia de Inés Arrimadas llamando a un “tamayazo” dentro de las filas socialistas. Su posición en el debate de investidura les aboca a desaparecer y ser absorbidos tanto por VOX como, principalmente, por el PP. 

  1. LOS ACUERDOS CON LOS PARTIDOS REGIONALISTAS Y EL ACUERDO CON EL PNV. 
Pero para que la investidura triunfara (PSOE y Unidas Podemos tan sólo suman 155 diputados) eran necesarios una gran cantidad de acuerdos por PNV, partidos regionalistas progresistas y, en última instancia Ciudadanos o ERC. Con algunos partidos regionalistas iba a resultar muy sencillo sumarlos a la coalición, así fue con el voto favorable de Teruel Existe (sus tesis ya estaban contempladas en el acuerdo de Unidas Podemos y, además, defendió la gobernabilidad durante la campaña electoral) y los votos de Más País, Compromís, BNG y Nueva Canaria. También parecía resultar muy sencillo lograr el apoyo del PRC, e incluso de Coalición Canaria. Ninguno de estos partidos apostaba por paralizar la gobernabilidad de España y menos (salvo CC) de un gobierno progresista. 
A nadie se le escondía que la cifra que daba opciones de gobierno era superar los 165 votos en contra que seguro iban a tener. La cifra estaba ya en 163. Faltaba pues conseguir el apoyo del PNV que les dispararía a los 169 votos favorables. El PNV siempre ha sido un partido muy práctico en las investiduras. Se trata de un partido que ha pactado tanto con el PSOE de Felipe González o José Luis Rodríguez Zapartero, como con el PP de José María Aznar o de Mariano Rajoy. Esta vez no iba a ser menos y finalmente alcanzó un acuerdo con Pedro Sánchez con objetivos realistas y fáciles de conseguir, que benefician principalmente a las comunidades autónomas donde tienen apoyo: Euskadi y Navarra. 
Cualquiera podía ver que, una vez alcanzada esa cifra, era necesario al menos 13 abstenciones y sólo un partido político las podía garantizar: ERC. No entiendo por tanto el giro de última hora de la diputada de Coalición Canaria o del PRC. El escenario estaba claro desde el principio de las negociaciones y tan sólo una variación de Ciudadanos o la abstención del Partido Popular podían cambiarlo. 

  1. LA ABSTENCIÓN DE ERC Y EH BILDU. 
Ya tan sólo faltaba un paso para alcanzar la investidura. Conseguir 13 abstenciones y matemáticamente sólo había un partido político que las podía garantizar ERC. Era lógico por tanto que el PSOE lo intentara. 
Quiero hacer aquí un paréntesis y recordar que un escenario parecido podría haberse planteado en abril de 2019 y Pedro Sánchez no lo quiso ¿Por qué? Según mi opinión, porque en aquel momento las verdaderas intenciones de Pedro Sánchez no era formar una coalición inestable parlamentariamente con Unidas Podemos, sino un acuerdo estable con Ciudadanos y estuvo toda esa corta legislatura esperando algún movimiento que acercara a Ciudadanos al Partido Socialista. Pero Albert Rivera ni siquiera quiso sentarse con Pedro Sánchez, quizás porque Albert era consciente del único resultado posible tras esas conversaciones y para nada quería apartarse de su principal objetivo en aquel momento, que no era otro que sorpassar electoralmente al Partido Popular. 
Lo que no imaginaba Pedro Sánchez era que el principio de acuerdo con ERC iba a causar bajas en los 169 diputados garantizados. El primero en desmarcarse fue PRC de Revilla que salió con un discurso improvisado contra los partidos independentistas. Movimiento que no puede entenderse desde la lógica parlamentaria sino como una estrategia a corto/medio plazo del propio partido cántabro. Elección tras elección este partido político es el fiel de la balanza izquierda-derecha en su Comunidad Autónoma y, aunque gana las elecciones, siempre necesitará apoyo de alguno de los dos grandes partidos. Por ahora el elegido siempre ha sido el Partido Socialista, pero los resultados electorales del PSOE cántabro cada vez garantizan menos la gobernabilidad y creo que el PRC no quiere transformarse en “enemigo” del resto de formaciones políticas. Además, Coalición Canaria optó por la abstención y no por el voto favorable. 
Estas dos bajas del gobierno de coalición hacían que también fueran importante, no sólo la abstención de ERC, sino también la abstención de EH Bildu. Ya en abril de 2019 Bildu apostó por una abstención si ésta servía para garantizar un gobierno progresista en España. Y esta vez no iba a ser menos, una vez firmado el gobierno en coalición con Unidas Podemos. 
Estos comportamientos son los que nos han dado el escenario final que ha hecho que Pedro Sánchez vuelva a ser de nuevo Presidente del Gobierno de España. 

jueves, 2 de enero de 2020

Juego de Cromos (04) ¿Por qué Ciudadanos ha caído en desgracia?

Os subo el texto que ha servido como relato para el último Juego de Cromos del año 2019 y que podéis escuchar siguiendo el enlace, pinchando en la fotografía. ¡Feliz 2020!

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Juego de Cromos (04): La caída de Ciudadanos

Como siempre, lo primero que haremos, es analizar el punto de partida. Y ese no es otro que buscar la definición del partido Ciudadanos. Es cierto que en el anterior programa a VOX lo definí como el resto de partidos lo veían. Esta vez lo voy a hacer según ellos mismos se definen, pues ayudará a entender comportamientos posteriores.

Ciudadanos en su fundación (2006) se definía como un partido socialdemócrata, laico y republicano. Pero con esa definición no estaban cómodos algunos dirigentes de Cs, entre ellos Albert Rivera. El sueño de Albert Rivera era emular a Macron. Para ello necesita un partido con una definición que no cayera en la denominación de alguno de los dos bloques (socialdemócrata y conservador). Por eso, en su asamblea de 2017, Albert Rivera propuso una nueva definición del partido: como “un partido de centro, liberal, progresista y aconfesional”. El liberal-progresismo ya fue un término que intentó de alguna manera acuñar UPyD. Amén de los apellidos, hay dos cambios significativos que le han hecho encajar de una mejor manera con la España de centro-izquierda y de centro-derecha: 
    • Pasó de ser un partido laico a un partido aconfesional. El cambio no es baladí pues eso le permitía entre otras cosas no entrar en debates sobre los colegios concertados en manos de la Iglesia o en la necesidad de las asignaturas de Religión obligatorias. 
    • Dejó de destacar sus postulados republicanos (esto ya lo hizo el PSOE en 1978). Eso no significa que abandonen su republicanismo (al igual que el PSOE) sino que aceptan la monarquía parlamentaria de la Constitución española. Como dice el propio Albert Rivera “mientras el Rey no se meta en política, todo va bien”. 

¿Por qué creció tanto, a partir de 2012? Ciudadanos supo ver la oportunidad que se le presentaba para poder crecer como partido liberal, regenerador y constitucionalista. El caldo de cultivo de la política española le era muy propicio: el unilateralismo independentista en Cataluña, la aparición de Podemos, el desconcierto en el que se encontraba el Partido Socialista y la corrupción del Partido Popular. Todos estos factores a la vez son los que aprovechó Ciudadanos para que su discurso calara hondamente en el centro-izquierda, centro-derecha e incluso en la derecha sociológica (esto último ya lo analizamos en parte en el anterior programa). Ciudadanos se situó en un punto en el que podríamos considerarle partido bisagra, desplazando de ese papel a Convergencia. Esta situación le facilitaría poder optar para influir en el Gobierno o incluso para gobernar tanto con el PSOE como con el PP sin que sus bases de voto sufrieran grandes vaivenes. 

Hay que recordar que todas las encuestas, antes de la moción de censura a Mariano Rajoy, daban como partido más votado precisamente a Ciudadanos. Y aquella moción de censura, como veremos más adelante, hizo que Albert Rivera cambiara de raíz los objetivos por los que este partido se había fundado. Unas semanas antes de la moción de censura, el promedio de encuestas en España situaba a Ciudadanos a la cabeza con un 25% de los votos. En las elecciones del 10-N, Ciudadanos perdió algo más de 2,5 millones de votos, pasando de 57 a 10 escaños; de casi el 16% de los votos el 28 de abril a no llegar al 7% 

Esta situación que ocupaba en aquel momento era similar a los partidos liberales alemán, británico o sueco. Pero Albert Rivera quería romper esos techos (que se sitúan entre el 5 y el 15 por ciento) y emular a Macron. Quería alzarse como el partido hegemónico del centro-derecha y de la derecha española. Esa ambición por crecer demasiado deprisa es una de las causas para entender la debacle en las últimas elecciones. El sistema electoral francés es elección de candidato único, a doble vuelta, lo que a Macron le facilitó el sorpasso al partido conservador francés y recoger en una segunda votación el voto del centro-derecha y de la derecha. En España al tratarse de una monarquía parlamentaria y de elección proporcional de una lista cerrada, impide que en un corto plazo un partido hegemónico y tan implantado territorialmente como fue el PP desaparezca. 

El segundo aspecto a destacar es la oportunidad perdida en las elecciones de abril de este año que acaba de pactar gobierno con Pedro Sánchez. Como hemos visto anteriormente Ciudadanos se definía como un partido progresista reformista. Simplificando mucho, una buena parte de la ciudadanía veía este partido como la pesa de la balanza que impediría tanto al PP como al PSOE de caer en defectos del pasado cuando ambos partidos tuvieron mayorías absolutas, así como la pieza que impedíría que partidos nacionalistas fueran el fiel de esa balanza. Tras las elecciones de abril Ciudadanos y PSOE sumaban la nada desdeñable cifra de 180 diputados, suficientes para tener una legislatura estable. Esta sólida mayoría le otorgaba a Ciudadanos una notable influencia en las políticas y una posición relevante de Albert Rivera en el Gobierno. De haberse materializado este acuerdo, se hubiera satisfecho la máxima aspiración de un partido que es gobernar. Pero el partido de Albert Rivera tuvo en esa campaña un error de cálculo. La ambición de Albert Rivera tras la moción de censura, de poder superar al PP y convertirse, en el peor de los casos, en el principal partido de la oposición, hizo que este partido planteara durante la campaña y las consultas para conformar gobierno, el veto a Pedro Sánchez. Sus anteriores objetivos quedaron desde aquel momento supeditados. Esto es un comportamiento a todas luces irracional desde la perspectiva de los objetivos del partido, que solo puede explicarse por la sumisión del mismo a su líder, algo propio de la política moderna y en especial de los partidos de naturaleza carismática. 

Para reemplazar al PP como gran partido de centroderecha, Ciudadanos necesitaba dos palancas: mantener un nivel elevado de polarización sobre el eje nacional, alimentado por la crisis catalana, y extender territorialmente una organización que disputara al PP su electorado más fiel. Una combinación que exigía tiempo, mientras que las encuestas le elevaban hasta cerca del 30% en la primavera de 2018. Rajoy podría haber pinchado aquel globo —con un alto riesgo ya para el PP—, pero fue Pedro Sánchez quien trajo el cambio político con una coalición parlamentaria heterogénea de la que Ciudadanos, aplicando la coherencia con su nueva estrategia, decidió excluirse. 
Este fue su primer error estratégico porque, tras la moción de censura, ya no competía con el PP por encabezar el Gobierno, sino por ser el principal partido en la oposición. Además, la polarización sobre Cataluña alimentaba una opción aún más radical en el eje nacional y la aparición de Vox también le trastocó esa palanca. 

Aún así, Ciudadanos tuvo tres oportunidades para cambiar el plan, posibilitando mayorías alternativas en las elecciones municipales en Madrid o Barcelona, formando Gobierno con Susana Díaz en Andalucía, Comunidad de Madrid o Murcia, o como hemos visto con Sánchez en La Moncloa. Al rechazar las tres, dio todo el protagonismo a Vox y a los independentistas. 
Como vimos en el anterior programa, la emergencia de Vox hizo que Ciudadanos dejase de ser el principal beneficiado de la polarización independentista catalana. En los meses posteriores al 1 de octubre de 2017, Ciudadanos logró ascender hasta 10 puntos porcentuales en las encuestas, ya que era percibido por una parte importante del electorado como el partido mejor capacitado para hacer frente al independentismo. Precisamente este incremento en la polarización de la que, en principio, se estaba aprovechando Ciudadanos, provocó que subiera notablemente, un partido que se alimenta todavía más de una polarización creciente y cuyas propuestas son atractivas para los sectores más exacerbados del nacionalismo español. 

Resulta paradójico que los mismos acontecimientos en Cataluña que permitieron a Ciudadanos soñar con el Gobierno de España han llevado al partido al borde del precipicio, visibilizando sus dilemas y sus contradicciones. 

Además, hay que tener en cuenta el cambio de estrategia de Casado y el Partido Popular en las elecciones de noviembre, virando sus discursos a cooptar a los votantes moderados del centro-derecha (aunque, como vimos en anteriores programas sin abandonar su posición frente al conflicto catalán). Ambas situaciones hicieron un emparedado con Ciudadanos que perdió votos por ambos frentes. 

En conclusión, los errores estratégicos de Ciudadanos cuando lo tenía todo a favor son los que han provocado la notable caída del partido de Albert Rivera (tan sólo le supera la debacle de UCD). El veto al PSOE de Pedro Sánchez, la moderación de discurso del Partido Popular, la radicalización de la cuestión catalana y el ascenso de Vox y la ambición desmesurada de Albert Rivera por transformar Ciudadanos en el partido hegemónico del centro-derecha son las explicaciones más plausibles para entender por qué Ciudadanos ha caído en desgracias.