miércoles, 11 de diciembre de 2019

Juego de Cromos (02): Guía para entender la subida del IBI en Leganés

¿POR QUÉ HAY QUE SUBIR EL IMPUESTO DE BIENES INMUEBLES (IBI o Contribución)? 
Relato utilizado para el programa de LGN Radio, "Juego de Cromos", que podéis escuchar en el enlace que está en la fotografía.
Juego de Cromos 02 - La Subida del IBI

La respuesta a esta pregunta es muy sencilla de responder: Hay que subir el tipo impositivo del IBI del 0,359 al 0,40 porque así lo exige la Ley. Esto supondrá una subida media del 10,25 % aproximadamente. No hay más verdad que esta que os acabo de contar. 
Ahora bien, para entender cómo hemos llegado a esta situación, y como va a ser costumbre en este programa, no se trata sólo de dar una respuesta, sino de analizar por qué hemos llegado aquí y cuál ha sido el comportamiento de los diferentes actores políticos que intervienen. 
Antes de meternos en faena deberíamos explicar algunos conceptos legales para entender de qué estamos hablando: 
  • La Ley de Haciendas Locales, en sus artículos 60 y siguientes regula el Impuesto de Bienes Inmuebles. Eso quiere decir que no son los Ayuntamientos los que regulan este impuesto. Esta Ley está por encima de nuestra Ordenanza Fiscal y dicho reglamento no puede contradecirla en ningún punto. 
  • En el art. 72 fija el tipo de gravamen mínimo en 0,40 % y un máximo del 1,1 % para los bienes inmuebles urbanos. Los Ayuntamientos podrán, pues, fijar este tipo de gravamen en esa horquilla. 
  • Por excepción, en los municipios en los que entren en vigor nuevos valores catastrales, resultantes de procedimientos de valoración colectiva de carácter general, los ayuntamientos podrán establecer, durante un período máximo de seis años, tipos de gravamen reducidos, que no podrán ser inferiores al 0,1 por ciento para los bienes inmuebles urbanos. 
  • Los ayuntamientos que acuerden nuevos tipos de gravamen, por estar incurso el municipio respectivo en procedimientos de valoración colectiva de carácter general, deberán aprobar dichos tipos provisionalmente con anterioridad al inicio de las notificaciones individualizadas de los nuevos valores y, en todo caso, antes del 1 de julio del año inmediatamente anterior a aquel en que deban surtir efecto. 
Una vez explicados estos conceptos, nos vamos a remontar al año 2013 gobernando el Partido Popular, cuando se aprobaron las últimas Ordenanzas Fiscales en el Ayuntamiento de Leganés. En el año 2014 acababa el período excepcional que fija la Ley tras la entrada en vigor de nuevos valores catastrales que se revisaron en el año 2008. El tipo impositivo del IBI en 2013 estaba fijado en 0,32 porque aquella valoración se realizó en plena burbuja inmobiliaria y el valor catastral de las viviendas había pegado un salto espectacular. 
Como el anterior equipo de Gobierno del PSOE-IUCM había decidido sólo subir los impuestos el IPC interanual y la escalada del incremento de este impuesto la paralizó el Gobierno del Partido Popular en el año 2011 (recordad que en aquella campaña defendió la reducción de impuestos), la subida que se iba a dar era tremenda (de un 0,32 a un 0,40 suponía una subida del 20 %). El Partido Popular acordó realizar una nueva valoración colectiva general de los valores catastrales. La verdad, es que tenían una excusa perfecta para poder realizarla pues la burbuja inmobiliaria ya había explotado y los valores catastrales estaban incluso por encima del precio de mercado de la vivienda. 
La bajada del valor catastral de aquella valoración colectiva fue notable y el Partido Popular propuso un nuevo tipo impositivo del 0,38 %. Esta propuesta incrementaba el valor del recibo del IBI en un 5,25 % pero acortaba el recorrido de subidas para los próximos seis años. Aunque el PP en campaña había defendido una reducción de impuestos, la caída de los ingresos municipales (sobre todo las transferencias procedentes tanto de los impuestos Estado como de la Comunidad de Madrid) había reducido significativamente los Presupuestos Municipales. El PP entendió que aquella subida paliaría en cierta medida el déficit que en aquel momento teníamos. 
Pero la oposición (PSOE, IUCM y ULEG) no querían ser cómplices de aquella subida de IBI, máxime teniendo seis años por delante para alcanzar el 0,40 %. PSOE e IUCM propusieron un tipo del 0,36 % que mantenía el recibo de media en la misma cuantía. ULEG proponía mantener el 0,32 %, lo que suponía una reducción de ingresos del 12 % (a pesar de lo maltrechas que estaban en aquel momento las arcas municipales). Finalmente se acordó por todos los grupos políticos un incremento del 0,359 %, que es el que actualmente rige. Es cierto que para corregir ese pequeño desvío del 0,001 % respecto del status quo se incrementaron al máximo legal los tipos diferenciados (son los que afectan a grandes empresas o grandes superficies comerciales para entendernos). 
Las ordenanzas fiscales fueron aprobadas tras alcanzar este acuerdo (que se produjo a última hora, durante la celebración del Pleno para su aprobación inicial) y no sufrió modificaciones en su aprobación final. Pero este 0,359 % supuso en la práctica una subida del IBI para el barrio de los Derechos Humanos, porque apenas varió su valor catastral en la valoración colectiva; así como para las viviendas de protección oficial, porque a pesar del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, el Gobierno del Partido Popular en la Comunidad de Madrid no modificó el precio del módulo de las VPO y, por tanto, mantuvo su valor catastral al mismo nivel que en plena burbuja inmobiliaria. 
Para 2015 no hubo consenso para la aprobación de nuevas ordenanzas fiscales y se mantuvo el mismo tipo impositivo. 
En mayo de 2015 se produjeron nuevas elecciones generales donde el PSOE ganó después de tres legislaturas sin hacerlo y formó el gobierno más minoritario en la historia de la democracia con 6 concejales, a los que luego se sumó el único concejal de IUCM: 7 de 27 concejales. En el borrador de las ordenanzas fiscales para 2016 existía una propuesta que incrementaba el tipo impositivo al 0,37 % (una subida del 3 %). Pero el alcalde decidió que durante todo el mandato no se iba a producir ninguna subida de impuestos; por lo que el incremento fue retirado del borrador. 
En aquel momento, el concejal de Hacienda, que era yo, estaba recorriendo todos los consejos sectoriales para explicar el borrador de los presupuestos municipales y explicaba al movimiento asociativo y al movimiento vecinal la necesidad de incrementar paulatinamente el tipo impositivo del IBI durante los próximos 4 años para alcanzar el mínimo legal de 0,40 %. No sólo tenía razones políticas intentando evitar una brutal subida como la que se va a producir ahora, sino también razones prácticas, puesto que ese dinero (300.000 € el primero año, 600.000 el segundo y 900.000 el tercero) lo consideraba necesario para incrementar el presupuesto en políticas sociales con el objetivo de paliar las necesidades de nuestros vecinos y vecinas más perjudicados por la crisis económica. Pero la decisión ya estaba tomada por el Equipo de Gobierno y así la ejcuté. Hay que tener en cuenta, además, que era muy difícil aprobar unas ordenanzas fiscales o unos presupuestos debido al comportamiento que tenían los partidos en la oposición, no permitiendo que ninguna propuesta general saliera adelante, sólo permitían modificaciones puntuales en las que el Equipo de Gobierno contó con los votos del Partido Popular, de Ciudadanos o de Leganemos. 
En honor a la verdad, sólo un partido político propuso públicamente la necesidad de incrementar el IBI: Leganemos; para de esta manera incrementar el gasto social. Su objetivo coincidía con el mío. 
Llegamos al último año de legislatura y, tras el acuerdo alcanzado tanto con Leganemos como con Ciudadanos, presentamos un nuevo borrador de ordenanzas fiscales al Pleno que entarían en vigor en el año 2019. El Pleno los rechazó (PP, ULEG y cuatro de los seis concejales no adscritos votaron en contra – 16 votos de 27). En aquella ocasión, ninguno de los grupos políticos, ni aquéllos que pactaron con nosotros, ni los que votaron en contra introdujeron en el debate cualquiera de los dos posibles escenarios que hubieran impedido una subida tan notable del IBI para el año 2020. Y ese era el último momento en el que podría haberse planteado un cambio de escenario, no en el primer año de mandato, puesto que ya no había posibilidad de reacción, debido a los plazos que marca la Ley. Los dos escenarios posibles a los que me refiero eran: 
  1. Proponer una subida del IBI para realizarla en dos tramos (2019 y 2020), como por ejemplo una subida del tipo impositivo al 0,38 %. 
  1. Proponer una nueva valoración colectiva para tener nuevamente un plazo de 6 años en el que efectuar esa subida. 
Una nueva valoración colectiva para revisar los valores catastrales, efectivamente, habría facilitado otros 6 años en los que aplicar el tipo por debajo del 0,40. Pero creo que no se hubiese tenido en cuenta el espíritu de la Ley. Esa medida está pensada para cuando la valoración colectiva supone un incremento notable en el valor catastral y de esta manera poder suavizar en seis años su impacto. Ya “torcimos” el espíritu de la ley hace 5 años, en 2014, al aplicarse en una revisión de valores catastrales a la baja. Actualmente la valoración no supondría una diferencia notable de los valores catastrales. No obstante, ese escenario ya no está en nuestro alcance para el 2020. Sí que es cierto que esa nueva valoración se podría solicitar para el IBI del 2021. Eso sí, al ser a instancia nuestra, el coste de esa revisión sería abonado íntegramente por el Ayuntamiento y, en ese caso, debería aparecer reflejado en los próximos Presupuestos Municipales. 
Teniendo en cuenta sus comportamientos en el pasado, resulta muy curioso el comportamiento que están teniendo los partidos políticos respecto de la subida del IBI. Todos, salvo VOX, tuvieron la oportunidad de proponerlo en el momento oportuno, ninguno lo hizo. Y ahora tanto PP como ULEG o Podemos se posicionan en contra de la subida, que no es otra cosa que la aplicación de la Ley. 
Resulta asimismo muy curioso que el PP quiera hacer en Leganés lo mismo que recrimina a los partidos independentistas en Cataluña. Pero más interesante de analizar resulta el posicionamiento de Unidas Podemos, porque su actual portavoz y candidata a la alcaldía, en los debates que se efectuaron en la campaña electoral, defendió y propuso una subida del IBI: y ahora se posiciona junto con el movimiento vecinal en contra de dicha subida. Si hay algo que los ciudadanos debemos pedir a los partidos políticos es coherencia y no cambiar, como veleta, cuando los vientos pueden venir más favorables. 
Curioso también resulta el comportamiento de las asociaciones de vecinos defendiendo la no subida del IBI. Nada han dicho en los últimos cuatro años cuando todo el mundo era consciente que en 2020 el tipo impositivo iba a ser necesariamente de un mínimo del 0,40 %. Y os aseguro que, tal y como he explicado anteriormente, eran conscientes del escenario futuro. 
La conclusión a la que llego es que todos los actores políticos presentes en el pasado han errado en sus planteamientos y entre todos nos han llevado a este escenario que nadie quiere. Quizás podemos salvar por coherencia en su discurso a Leganemos. Ahora, algunos de estos actores: PP, ULEG, Unidas Podemos y las asociaciones de vecinos creo que están utilizando esta subida, sin contar toda la verdad, para desgastar al actual equipo de Gobierno del PSOE y Leganemos, con apoyo externo de Ciudadanos. 
Según mi parecer, cuando lo que se está haciendo es cumplir la ley no hay motivo de discusión política. Hay que aplicar la ley, aunque no se esté de acuerdo con ella. Ahora ya no hay marcha atrás y lo que debemos valorar es si el comportamiento de algunos no se está haciendo para tapar una dejación de sus funciones en el pasado o, quizás, porque sabiendo que tenían difícil ganar, dejar que la patata caliente se infle cada vez más para que le estalle al próximo gobierno. También debemos valorar si el comportamiento de otros actores ha ido a favor del interés general o no. 
Ahora el debate debería ser en qué emplear ese dinero que vamos a recaudar de más. Y eso toca debatirlo junto con el resto del presupuesto municipal. 

viernes, 29 de noviembre de 2019

Juego de Cromos (01) Guía para poder entender la próxima investidura de Pedro Sánchez

El pasado lunes inicié mi nueva andadura como colaborador en LGN Radio. Un nuevo programa al que llamamos "Juego de Cromos" en el que trataré de analizar el comportamiento de los actores políticos en un determinado asunto. Los textos que acompañarán cada podcast son el relato que confecciono para cada programa. Espero que os guste.

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Juego de Cromos (01): Investidura de Pedro Sánchez

Primera Investidura Fallida de Pedro Sánchez 
Para entender la situación en la que nos encontramos tenemos que remontarnos a la primera investidura fallida de Pedro Sánchez en marzo de 2016. Recordemos que en la primera ronda de contactos del Rey para proponer candidato, Mariano Rajoy renunció intentar formar Gobierno pese a ser el partido político más votado. En una segunda ronda el candidato propuesto por el Rey fue Pedro Sánchez. 
Ninguna de las sumas posibles daba Gobierno: PP + Cs (160), PSOE + Podemos (154), PSOE + Cs (129); salvo una gran coalición contra natura: PP + PSOE (209) 
Pedro Sánchez en aquel momento optó iniciar conversaciones tanto con Cs como con Podemos. La suma daba Gobierno (194). La verdad es que se aventuraba poco éxito debido a las posturas confrontadas entre Cs y Podemos. Tan sólo les unía una alternancia en el Gobierno. Además, las presiones de los líderes territoriales del PSOE y las declaraciones de Pablo Iglesias inclinaban más la balanza hacia Cs. La cuestión catalana ya se encontraba en la agenda política. La noche electoral, Pablo Iglesias señaló que cualquier partido interesado en llegar a un acuerdo con ellos debería asumir, entre otras premisas, la consideración de España como país plurinacional en un encaje constitucional diferente, que incluyese un referéndum sobre la independencia de Cataluña. 
En febrero de 2016 Pedro Sánchez y Albert Rivera firmaron un pacto de investidura al que invitaron a sumarse a Podemos. Pero Podemos rompió las negociaciones con el PSOE porque sus únicos planes pasaban por un Gobierno de izquierdas (junto con IU sumaban sólo 156, que junto con ERC, Compromís y EH-Bildu se llegaba a 171). El fracaso de ese pacto estaba garantizado y en la segunda votación PSOE y Cs sólo alcanzaron a sumar el voto de CC. 

La primera repetición electoral e investidura de Mariano Rajoy 
Se produjo entonces la primera repetición electoral y los españoles volvimos a ir a las urnas en junio de 2016. El resultado fue un Parlamento igual de fragmentado, pero el incremento en escaños del PP hacía imposible cualquier alternativa viable: PP + Cs (166), PSOE + Podemos (151), PSOE + Cs (116). PSOE + Podemos + Cs (183) seguía dando posibilidades, pero todos los puentes entre Cs+PSOE y Podemos habían sido rotos en la anterior legislatura. Cs buscando ser un partido útil, y al ver que el apoyo a Pedro Sánchez le había pasado factura en las urnas (bajó de 40 a 34 diputados), cambió su estrategia y apoyó al PP (a pesar de los juicios pendientes de corrupción) para tratar de garantizar la gobernabilidad del país; pero para eso era necesario también la participación del PSOE, bien con su apoyo, bien con su abstención. El PSOE de Pedro Sánchez decidió no sumarse a ese acuerdo y votar en contra de la investidura. Esta primera investidura fracasó (además de Cs el PP sólo consiguió los apoyos de CC, UPN y Foro – 170 votos) 
Tras la investidura fallida el PSOE entró en una crisis profunda. Los críticos al Secretario General exigían que Pedro Sánchez dimitiera debido a los malos resultados electorales (los peores de la democracia). Coincidía además que estos críticos eran partidarios de garantizar la gobernabilidad de España y que el PSOE se abstuviera (la llamaban abstención técnica) para poder facilitar la formación de un gobierno del PP. El 1 de octubre durante un complicado y extraño Comité Federal, las tesis de Pedro Sánchez fueron derrotadas y dimitió como Secretario General. 
Llegamos a octubre de 2016 y Mariano Rajoy volvió a presentarse a una nueva investidura. En la primera votación perdió (el PSOE votó en contra) y 48 horas después la inmensa mayoría de los diputados del PSOE se abstuvieron (Pedro Sánchez no participó en la segunda votación al entregar el acta tras la primera votación por no querer romper la disciplina de voto del Grupo). 

Fin de la crisis del PSOE y moción de censura de Pedro Sánchez 
En mayo de 2017 el PSOE fue por primera vez a un sistema de elección directa de su Secretario General (Primarias) para cerrar su crisis, y Pedro Sánchez se impuso a los otros dos candidatos, Susana Díaz y Patxi López, con el eslogan de “no es no”. La XII Legislatura comenzaba a dinamitarse. El PSOE volvía de nuevo a las tesis anteriores a la investidura y a no facilitar la gobernabilidad del país. No obstante, sí que apoyó al Gobierno en la crisis catalana tras el referéndum ilegal y Mariano Rajoy salvó su primera moción de censura al no apoyar el PSOE a Podemos. 
Y llegó la sentencia de la Gürtel, justo tras la aprobación de un Presupuesto gracias al apoyo del PNV. Podemos lanzó la idea de una moción de censura siendo candidato Pedro Sánchez y no Pablo Iglesias. El PSOE recogió el guante y planteó la moción de censura sin saber si iba a triunfar. Sólo había una premisa: echar del Gobierno a un partido político que había sido condenado. A la moción de censura fueron sumándose el resto de partidos políticos: Unidas Podemos, ERC, PDCat, Compromís, EH-Bildu… dejando en 175 escaños la partida. Si PNV decidía apoyar la moción de censura ésta saldría adelante. Y así fue. Pedro Sánchez fue presidente sin comprometerse con nadie porque fue capaz de aglutinar el voto contra Mariano Rajoy (lo que no consiguió Pablo Iglesias en la moción de censura de 2017). Fue una moción de censura basada en la ética y no en un programa de gobierno. Ese fue su talón de Aquiles. 
La maniobra de Pedro Sánchez, con la ayuda de Pablo Iglesias, dejó en fuera de juego a Cs. El que fuera su primer socio de gobernabilidad les había dejado fuera de la ecuación. Cs en aquel momento no tenía más opciones. Entendían que sus votantes no comprenderían que se pusieran del mismo lado de Podemos, ERC o PDCat. Y Cs se lanzó a intentar “sorpassar” al Partido Popular aprovechándose de su debilidad y ser durante meses los auténticos líderes de la oposición. Poco antes de la moción de censura todas las encuestas daban como primera fuerza política a Cs. La moción de censura cambió esa tendencia y el PSOE pasó a ser el partido “de moda”. 

Rechazo de los presupuestos y nuevas elecciones 
El 13 de febrero de 2019 el Gobierno Sánchez perdió la votación de unos presupuestos negociados con Unidas Podemos. Votaron en contra: PP, Cs, UPN, Foro y CC, pero además los partidos catalanes que habían apoyado la moción de censura: ERC y PDCat.  Debido a la imposibilidad de aplicar ciertas reformas, el día 15 de febrero, el presidente del Gobierno anunció una convocatoria de elecciones generales del 28 de abril de 2019 tras un Consejo de Ministros extraordinario. 
Las elecciones de abril de 2019, al igual que las anteriores, han estado muy polarizadas por la cuestión territorial. PSOE ha sido el gran triunfador en ambas pero siempre ha manejado cifras muy complicadas para poder formar Gobierno. 
Los resultados del 28-A sólo daban posibilidades de gobierno a Pedro Sánchez: PSOE + UP (165); frente al bloque de la derecha: PP + Cs + Vox (147) pero ninguno de los bloques se acercaba a cifras que garanticen la gobernabilidad sin contar con los nacionalistas independentistas. Los desencuentros anteriores polarizaron las negociaciones para investir a Pedro Sánchez. UP ya no se conformaba con apoyar un gobierno del PSOE, quería formar parte de él. Pero este gobierno en coalición no garantizaba la estabilidad parlamentaria. Ese fue el motivo, y no otro, de por qué el PSOE no cedió lo suficiente en las negociaciones. Existía otra posibilidad que sí garantizaba estabilidad: PSOE + Cs (180) Pero Cs no movía ficha y el PSOE utilizó una estrategia de dilación en el tiempo de la investidura para aprovechar y valorar los movimientos que pudieran producirse tras las elecciones municipales y autonómicas de mayo. Aunque no se diga en público. La estrategia del PSOE en aquel momento pasaba por recuperar a Cs como socio preferente. 

Elecciones europeas, municipales y autonómicas 
En estas elecciones Cs siguió sin cambiar su estrategia. Se habían quedado muy cerca del PP y su aspiración era ser la primera fuerza política del centro derecha. El partido de la alternancia (ni rojos ni azules) aspiraba a recoger más votos del PP. Aunque no le fue nada mal en las elecciones municipales y autonómicas, no consiguió sus objetivos y no fue primera fuerza política de la derecha en ninguna comunidad autónoma (incluso en Madrid que en las Generales quedaron por encima, el PP les superó). La diferencia con el PP creció de 200.000 a 1’8 millones de votos. 
Aprovechando este escenario, el PSOE buscó recomponer acuerdos territoriales con Cs. Madrid, Murcia o Castilla – León fueron claves para entender lo que pasó. Mientras que en Andalucía el discurso de Cs fue el de la alternancia, desalojar a un partido político que ya llevaba muchos años gobernando una comunidad (incluso ese fue el discurso en campaña de Cs en Murcia y Castilla – León, no así en Madrid) la cúpula de Cs decidió apoyar al PP en todas las comunidades autónomas donde se podía gobernar, sin menospreciar los votos de Vox. Esa situación arrinconó al PSOE a su única salida, la negociación con Podemos. 
Pero Podemos no era suficiente para garantizar la gobernabilidad y el PSOE valoró que en las circunstancias actuales el apoyo de los partidos independentistas o de EH-Bildu podía suponer un precio muy alto a corto/medio plazo. Aún así inició negociaciones con Podemos al tiempo que lanzaba mensajes exigiendo responsabilidad al PP y a Cs (máxime cuando la ultraderecha había conseguido entrar en el Parlamento); la misma responsabilidad que le exigieron al PSOE en la anterior legislatura. En realidad, ese mensaje iba dirigido principalmente a Cs. Pero Cs siguió en sus trece y no quiso mover ficha. El fracaso de la investidura estaba garantizado, puesto que PSOE no quería negociar con los partidos que eran claves para que saliera adelante: ERC y/o PDCat. 

Nueva investidura fallida de Pedro Sánchez, nueva repetición electoral 
Pese a no conseguir un acuerdo con Podemos, que no se movía de pedir un Gobierno en coalición, Pedro Sánchez forzó la sesión de investidura para, de esta manera, llevar al país de nuevo a una repetición de las elecciones. Las encuestas le eran favorables y existía una posibilidad de que la situación cambiara. Las encuestas ya apuntaban un retroceso de Cs y el freno del crecimiento del PP consecuencia de un Vox en alza. Sólo existía una incógnita: la sentencia del Procés. Pero el órdago ya se había lanzado. Estaban todas las cartas sobre la mesa y ya era imposible de dar marcha atrás.  

La repetición electoral apenas varío cualitativamente la situación entre bloques, pero sí las posibilidades de gobernabilidad. La debacle de Cs y el crecimiento de Vox tan sólo dejan una alternativa a Pedro Sánchez: Unidas Podemos. Ya no había más disyuntivas. Salvo, como siempre, la gran coalición.